sábado, 24 de mayo de 2008

EL SIGLO DE ORO


Curioso. Inédito.


Se define con dos adjetivos contundentes, la causa-efecto del centésimo aniversario de estos dos barrios; Villa Lugano y Villa Riachuelo, que en el consciente colectivo son sólo uno y claramente acotado: Lugano.

Una fecha señera; -ésta como otra cualquiera-, no deja de ser más que un recordatorio afectuoso, más o menos homenajeado según la disposición dispensada por sus acólitos.

Este podría ser un caso más, pero -y los peros exaltan o abruman-, en este caso; este "cumpleaños" marca un antes y un después, para un territorio extenso y caótico en su composición socio-económica, cultural, religiosa, racial y anímica. Los vecinos todos, se suman derribando muros semánticos y de los otros. Todos. De cada torre, de cada casa baja, de cada pasillo de la villa. Todos. Cada mundo está representado en este concilio como nunca antes sucedió. Todos. Se bajan banderas, se deponen ideologías y se desmemorizan viejas deudas y eternas ofensas. La meta es clara y no admite contrapelos.

Los vecinos se desbordan estrechando filas en un constante vuelco de ideas y trabajo voluntario restándole tiempo de vida a su odisea particular y diaria.Los eventos, -nunca tan honrada la etimología de la palabra-, serán o no serán. Las intenciones, las ganas, le doblan el brazo al racionalismo más puro, pero ni el fantasma de los recursos siempre ausentes o escasos, amenazan el temple de tanta buena actitud unida.

Los optimistas auguran un mañana venturoso en convivencias y calidad de vida desde la opción de todos juntos y los escépticos comienzan a migrar a otras latitudes.El imperio de las necesidades comunes empuja los espíritus de quienes hasta algunas divisiones atrás, comprendieron el sensato beneficio de la unión más pura: la que no admite divismos y por eso este siglo que se muere parirá uno que nacerá con varios panes bajo sus brazos: fe, solidaridad, convivencia y un horizonte más diáfano.

Que así sea.......


NITO LUGA


Esta nota fue publicada en La Nación el 11 de Marzo de 2008





LUGANO: LA TORRE DEL ACUERDO


UN ESTIGMA Y UN DISEÑO QUE YA ENTRÓ EN LA HISTORIA POR SER LA PRIMER PIPA DE LA PAZ DE LOS VECINOS

Cuando se convocó a distintos vecinos a presentar un logo que identifique a la Comisión de Vecinos por el Centenario de Villa Lugano y Villa Riachuelo, ni el más pintado imaginó que el ganador, desataría un debate previo digno del peor Senado romano.



El diseño vencedor es de Charly Palavecino, -obra ya registrada; cacos abstenerse-, un joven y promisorio diseñador, que traiciona su propia lozanía en su acopiada y vanguardista obra.


Su criatura es por demás sintética y de tan hermenéutica, restringe todo ultraje a la inteligencia del prójimo causada por la redundancia de una ilustración a posteriori.


Pero, aún en la unanimidad de la elección a mano alzada del Cabildo abierto, el logo arrojó sobre la mesa un debate inesperado de tan lógico: la Torre de Interama y/o la Torre Espacial y/o la Torre del Parque de la Ciudad.


Dos fueron los puntos de litigio metafísico y “biológico”. El uno; la controversia por la ubicación geográfica de la Torre por enclavarse el Parque de La Ciudad en Soldati y el otro: -el más extenso y abstracto a considerar-, su simbolismo a la luz de su vigencia fantasmal.


El Parque de la Ciudad está en Soldati y no lo podrán correr ni con un edicto de la A.F.A.
Pero Soldati está en el sur. Este sur que los vecinos intentamos -y debemos- transformar con el conveniente método de desandar la columna del debe, revelando al mundo luces y sombras. Ergo, el Parque es de Soldati; pero su “estado vegetativo” es un “activo” del más autentico sur.
Un todo de un algo.


El segundo punto y el más diletante: la Torre Espacial de Interama (su nombre de bautizo), ¿es un símbolo? Y si lo es, ¿símbolo de que...?


Hay una leyenda urbana de esas que los argentos circulamos con nuestro más infame certificado de veracidad que la titulariza “La espada de Interama”.
Hete aquí, que es escalofriante de tan original y de tan a lo Stephen King.
Bien, cuenta la leyenda, que la torre de Interama, -el parque de diversiones construido por la ÚLTIMA dictadura-, fue diseñada para parecer vista desde lo lejano, como una ciclópea espada. Una espada clavada triunfal, como símbolo in eternum de la victoria sobre el enemigo.
Improbable de comprobar, pero dable de digerir, ¿no?


Y he aquí el punto: si lo hecho, deshecho está, ¿por qué no aprovechar lo que queda de lo que pudo haber sido y no es?
La Torre de Interama es nuestra memoria: la mejor y la peor.
No muchas, pero si las suficientes generaciones, disfrutaron de su esplendor.
Aquellos que hicieron largas filas para trepar las nubes para otear los cuatro rincones de nuestra ciudad hasta el Uruguay, y que bien pueden dar fe de la inexplicable sensación de elevarse donde las águilas se atreven.
El Parque de La Ciudad es el alegato de una época: para bien o mal de cada quien y la Torre se sostiene entre vientos cada vez más transgresores de su verticalidad anquilosada.


Hoy los vecinos intentamos pensar nuestro futuro instalando la Torre como una autentica reseña de este sur que tambalea pero que ansía enderezarse.


El largo debate, acalorado y extrañamente calmo de la asamblea de aprobación del logo, demuestra que los vecinos desandan la única senda posible: la del consenso.


Ya habrá tiempo de desacuerdos tácitos y de los otros, pero hoy para los vecinos la única respuesta posible va de la mano de la concordia a contramano de las “camisetas”.
Que así sea.....

“O culto das pedras" (el culto de las piedras) detalla la obsesión celta con la piedra del paisaje gallego, -que es eso; piedra y vegetación-. Este culto, aún mantenido, describe como pocos las fuertes ataduras de los gallegos-celtas para con su sagrada tierra de Galicia.
El mismo que tienen los vecinos del Sur con su amada porción de este mundo.



NITO LUGA